Melinda: 100 años de Vida

«A esta mujer la curtieron las ausencias, el trabajo y la muerte. Encontró a su madre a la tercera oportunidad y a su marido, en la guerra. Sin embargo, recuerda que su vida era feliz y evoca detalles de su memoria para expresar, sin rehuir la tristeza, la sencillez y la hondura de quien no necesitó leer y escribir para mostrar todas las emociones que surcan su rostro».

Este texto trataba de sintetizar la trayectoria vital una mujer que conmueve, ante la que solo cabe el cariño y el respeto. Este 12 de marzo Melinda Martín Gil cumple 100 años apasionados y emocionantes. Un buen momento para felicitarla por todo lo que nos ha enseñado y a felicitarnos por haberla conocido y admirado.

Cien años vividos con pasión. Una existencia larga e intensa de la que han podido disfrutar varias generaciones y que seguirá siendo un ejemplo futuro. Mujeres como Melinda son, más que necesarias, imprescindibles. Para siempre.

Estas son algunas frases incluidas en el relato de su vida que ella nos ofreció para el libro y la exposición Las Hurdes, tierra de Mujeres. Algunas frases sugieren lo vivido:

  • Nuestras camas eran de helechos. Eran cómodas.
  • Me sacaron de la escuela para guardar las cabras.
  • Las mujeres nos quedábamos en el pueblo con todo: la casa, las cabras, los hijos, los huertos…
  • Trabajábamos mucho, pero siempre teníamos para comer. Había muchas castañas.
  • Íbamos pidiendo y nos metieron en un sitio para dormir. Cuando nos levantamos, supimos que habíamos dormido junto a unos que habían estado en la cárcel.
  • Recién casada fui con mi marido a hacer cisco con carrascos de encina, de jara, de lentisco…
  • El hijo más chico se me murió de 2 años con bronquitis. Otro, de 3 años, de sarampión. Y el mellizo, ya destetado también, de meningitis.
  • Yo tenía una hija que, de muy pequeñita, cuidaba a los hermanos hasta que yo venía.
  • Se tenía una mudita de quita y pon. No había pijama, dormíamos con la camisina. Luego, ya empezó a haber sábanas.
  • Daba mucha ansia ver a los militares, porque a lo mejor no volvían. Cuando pasó el tío Emilio le di un beso. Entonces no éramos novios. Luego me casé con él.