Unamuno (10)

«Y por fin en la cumbre, habiendo domeñado al coloso, puéstole los pies en la cabeza, y contemplando, mientras se toma huelgo, cuál será la mejor bajada. Allá en el fondo la entrada de la tercera barranca, la del río Hurdano, que se hurta a la vista en el intrincamiento de los montes, cuyos perfiles se cruzan como en el corte que llaman los carpinteros cola de milano. Y al pie de nosotros, en la hondonada, la testudo de tejados pizarrenos de Ríomalo de Arriba. Al acercarnos al cual una chicuela que estaba en un huertecillo, salió disparada, saltando de risco en risco, como una cervatilla a la que se sorprende. Y subían cantares del fondo. Y no la primera vez, pues ya otras, al acercarnos a estos misérrimos pueblecitos, oímos algún cantar humano subir barranca arriba, hacia los cielos».

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Miguel de Unamuno viajó a Las Hurdes entre el 2 y el 5 de agosto de 1913. Le acompañaron M. Jacques Chevalier, profesor del Liceo de Lyón, y M. Maurice Legendre, profundo conocedor Las Hurdes. Tuvieron como guía al tío Ignacio, de La Alberca. Unamuno publicó  el relato de aquel viaje en Los Lunes de El Imparcial entre agosto y septiembre de aquel año.



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