
MARTILANDRÁN
«Poco más adelante, sobre una quebrada del Malvellido, aparece la mancha oscura de un castañar. Como una piña seca y abierta se aprieta un pueblo mísero como la tierra misma. Cincuenta o sesenta tejados de pizarra. Parece como si no hubiera calles, como si fuera una sola edificación negra, una masa oscura, mimética con las cosas: con las murallas que sostienen los cultivos, las cercas próximas, la piedra del río donde las mujeres lavan; con la otra orilla, con el paisaje entero. El pueblo está partido en dos por un barranco. Encima de algunas techumbres le secan al sol las cortas cosechas de habichuelas de los vecinos de Martilandrán».
Armando López Salinas y Antonio Ferres. Caminando por Las Hurdes. Seix Barral 1960. Pág. 91)
