
«La Sierra del Horno queda a la derecha. La de la Corredera a la izquierda. El arroyo Gineta Y el arroyo Cerezal confluyen dentro de las calles de la alquería, en el sitio llamado la Vega.
«Cincuenta metros más allá, el Malvellido vierte sus aguas al Hurdano.
«La alquería es chica y está rodeada por castaños. Se llama Cerezal como el arroyo que nace entre los riscos de Capallar. No habrá más de veinticinco o treinta cachuchas.
«En las huertas de junto al río trabajan unas mujeres. Tienen los pies descalzos, hundidos entre la tierra humedecida por las lluvias de la noche anterior. Las azadas golpean acompasadamente deshaciendo los terrones ocres. Una muchacha y unos niños quitan las piedras que las azadas encuentran y, echándolas en unas serillas, las transportan hasta la orilla del río donde las vierten.
«Las mujeres no se dan punto de descanso y sólo, cuando los viajeros se detienen para mirarlas, hacen ningún alto para enderezarse, doblan de nuevo el espinazo y vuelven a lo suyo».
Armando López Salinas y Antonio Ferres. Caminando por Las Hurdes. Seix Barral 1960. Pág.87.
