
Su fragilidad asoma con un punto de tristeza, pero muestra su fortaleza cuando agarra el sacho en el huerto. Remedios Domínguez Martín (3 de febrero de 1940) asegura que nunca fue feliz, aunque reconoce que muchas veces se sintió contenta. No olvida lo que lloró, siendo muy niña, el día que se escaparon las cabritillas que cuidaba. Tampoco la pena por la muerte de su padre. Y se alegra todavía al recordar el baile en el patio de La casa de su madre y el sabor de las castañas con las aceitunas.
Al hacer recuento de su propia vida, recuerda, en mayor o menor medida, a la de las demás mujeres de su misma generación y de su misma tierra. Su experiencia se convierte en símbolo de un tiempo y un espacio concretos.
De su vida recuerda:
- “El estiércol se mezclaba con los erizos de los castaños y, cuando íbamos a ponerlo en los caños, pinchaba que no veas…”.
- “Con ocho años se me escaparon los cabritillos por lo alto de la sierra. Y yo lloraba y lloraba…”.
- “Cuando se iban a la siega, a los jornales, ¿quién se quedaba con los hijos, la casa, los huertos?”.
- “Yo he estado contenta, pero para decir feliz, feliz… No me acuerdo. Nunca he sido feliz”.
Ver. Las Hurdes, tierra de mujeres. Páginas 168 a 181. Publicado por la asociación cultural AlmaHurdes.