
Ha conocido el trabajo y la escasez, el cuidado del huerto y el ganado, el olor del carbón y del estiércol, la luz del candil que iluminaba las fiestas. A María Martín Iglesias (27 de julio de 1937) su padre la conoció cuando ya tenía tres años, al volver de la guerra. La vida la obligó a pasar muchas horas hincada de rodillas en el río lavando la ropa de toda la familia. Aprendió a jugar sin juguetes, a disfrutar del sabor de las colmenillas del chaguarzo y a sobrevivir a la muerte del hijo que no olvida.
De su vida recuerda:
- “Cuando nací mi padre estaba en la guerra. Me vio por primera vez casi con tres años”.
- “No pude ir a clase cuando era pequeña, porque mi madre o estaba embarazada o tenía los niños chiquininos”.
- “Hacíamos muñecas de monte: cogíamos las ramas, las cruzábamos y las atábamos. Esas eran nuestras muñecas”.
- “El tamboril lo tocaba mi suegro y, cuando nos veía juntos a su hijo y a mí, alargaba las canciones”.
- “En las bodas ni siquiera podía ir a misa, porque tenía que estar haciendo el rancho.
Ver. Las Hurdes, tierra de mujeres. Páginas 168 a 181. Publicado por la asociación cultural AlmaHurdes.