Florentina Martín

Hija de Anastasio y Miguela, Florentina Martín Martín (16 de octubre de 1940) fue la pequeña de nueve hermanos. Su madre, procedía de La Huetre; su padre, de Pinofranqueado. Aunque la necesidad les forzó a vivir la separación obligada de la emigración durante largas temporadas y muchos años, Florentina y Domingo, su marido, se asentaron en Casares de Hurdes. Y ahí sigue esperando las visitas de sus cuatro hijos y sus cuatro nietos.

Florentina habla con tanta sencillez como emoción, y lo hace sin tapujos. Asume la pobreza, el trabajo sin fin, las ausencias, los malos tiempos. Con la misma firmeza relata los momentos felices, el orgullo que siente por sus hijos y un marido al que tuvo que querer desde lejos. La mujer reconoce que fue ella quien dispuso siempre de lo poco o lo mucho que tuvieron.

 

De su vida recuerda:

  • “Mis hermanas mayores salieron pronto a servir. Apenas tendrían doce años y las echaban a trabajar”.
  • “El día que le iba a tocar a mi padre ir a la guerra pasó toda la noche por el monte, escondiéndose. Fue un desertor”.
  • “A los siete u ocho años ya empecé a trabajar. Había que sacar las patatas, prepararlas, echarle estiércol, regar”.
  • “Fui a hacer la primera comunión con unas zapatillas abiertas, de plástico, y un babi que se ataba por detrás”.
  • “Mi madre se quitaba el pañuelo para ponérselo en el culo a los muchachos, porque no había dodotis ni gasas”.
  • “Desde que nos casamos tuvimos que estar separados y cuando nos juntábamos, hacíamos los muchachos”.

 

Ver. Las Hurdes, tierra de mujeres. Páginas 36 a 47. Publicado por la asociación cultural AlmaHurdes.



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