Emérita Martín

Nicasio y Alejandra formaron una familia más que numerosa: doce hijos. Emérita Martín Moriano (23 de septiembre de 1939) fue la séptima de aquella prole. Cuando le llegó la hora de formar, junto a Constantino, su propia descendencia, ya sabía todo lo que aquel tumulto significaba. Ellos optaron por la parejita, de la que luego llegarían cuatro nietos.

Se quedó sin foto de boda, pero en su memoria guar­da las imágenes de quienes ya no están. Hija de una fa­milia numerosa, desconoce el descanso. Siempre risueña, desde pequeñina. Se adaptó a los oficios que surgieron, porque la mayor alegría es la vida. Ha mantenido el amor al origen y, aún ahora, sin acertar a explicarlo, sigue pensando que la tierra es mucho más segura que el dinero. Porque, dice, no se la lleva el aire.

 

De su vida recuerda:

  • “Mi madre crio a sus doce hijos y a otros seis más de leche. Además, era la comadrona del pueblo”.
  • “Había poco tiempo para jugar, porque teníamos que ir con las cestas a por moñicos para el huerto”.
  • “Para que echara la placenta, después de que naciera mi hijo mayor, una vecina se desató el moño y me metió los pelos en la boca”.
  • “¡No salí en la foto de bodas! Se estropearon”.
  • “A mí me gusta comprar tierras, porque las tierras no se las lleva el aire; las perras, las coges ¡y hala!”
  • “Para guardar el pan había una tinaja de barro con un tapón de corcha. Se conservaba bien, pero éramos tantos que en 8 días ya se habían acabado”.

 

Ver. Las Hurdes, tierra de mujeres. Páginas 60 a 69. Publicado por la asociación cultural AlmaHurdes



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