Consuelo Azabal

De Chelo Azabal Martín (28 de septiembre de 1932) sobrecogen su sencillez y sus silencios. Su vida se torció a poco de nacer. Repudiada, aun­que siempre querida. El abuelo que la había rechazado murió en sus brazos. Fue la hija única de una madre a la que no conoció, sufrió presiones y mucho miedo, algunas muertes; entre ellas, la de uno de sus ocho hijos. Recla­ma descanso, pero no se ha rendido. Es una mujer muy fuerte. Ni olvida ni esconde todo lo que aún le duele, pero se exige ser discreta, para no herir a nadie.

 

De su vida recuerda:

  • “Cuando yo tenía año y medio murió mi madre. Y mi madre muere hoy y mañana mi padre se va a la guerra”.
  • “Mujeres duras habrá, pero como yo… ¡Me han pasado muchas cosas!”.
  • “Como no tenía madre, me faltaba alguien que me pudiera explicar las cosas”.
  • “Había días en los que, a las 3 de la mañana, estaba en la cocina preparando la comida para irnos a aceitunas a la mañana siguiente”.
  • “He subido la leña con la zagala en brazos a buscar el carbón”.
  • “Después de que muriera mi hijo, no he vuelto a saber lo que es cantar ni lo que es bailar”.
  • “Durante mucho tiempo me quedaba en casa, me ponía en un rincón en el salón y lloraba”.
  • “He llorado mucho, pero ya he dicho “hasta aquí”, porque me ha dicho el corazón que no más”. 

 

Ver. Las Hurdes, tierra de mujeres. Páginas 128 a 137. Publicado por la asociación cultural AlmaHurdes.



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