Araceli Azabal

Aprendió con sus padres el oficio de la mendicidad. Araceli Azabal Iglesias (5 de mayo de 1937) dice sentir vergüenza de lo que cuenta, que es lo que ha vivido; lo hace con un atisbo de ingenuidad y buena carga de dignidad. Hizo frente al cura que se negó a casarla, proclama el dolor del hijo ausente y muestra el nuevo horizonte hallado cuando muchos abandonan. En el pueblo de su actual compañero la llaman “Araceli la Hurdana”.

 

De su vida recuerda:

  • “Yo nací en un pajar. Cuando mi madre se puso de parto de mí, andaba pidiendo limosnas”.
  • “Si a mi padre y a mi madre les daban un trozo de pan, no lo vendían; lo traían para que comiéramos en casa”.
  • “Cuando tuve 14 años me quedaba sola en casa. Mis padres se iban con los hermanos a pedir 25 días o un mes seguido”.
  • “Cuando llegamos a la iglesia para la boda, el cura no nos casó porque habíamos estado un año juntos y se enfadó porque lo celebramos”.
  • “A mi marido he tenido que cargarlo a mis costillas para pasar el río y llegar al huerto”.
  • “Mi madre, la pobre, no tenía ni para ella. No podía darme nada”.
  • “La primera vez que me fui a dormir a casa con mi actual compañero, le hice entrar por la noche, para que no nos vieran”.

 

Ver. Las Hurdes, tierra de mujeres. Páginas 128 a 137. Publicado por la asociación cultural AlmaHurdes.



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